miércoles, 3 de agosto de 2011

El Conflicto Familiar. Articulo de Gerardo Pacheco

El Conflicto Familiar: Perspectivas Teóricas y Técnicas de Intervención
 Gerardo Pacheco *

El Conflicto Familiar: Perspectivas Teóricas y Técnicas de Intervención

Resumen
En este trabajo, a partir de una visión psicosocial, el autor analiza el ámbito de la interacción familiar, particularmente en lo que se refiere a sus conflictos internos.
Se presentan fundamentalmente tres modelos de análisis del conflicto familiar: psicoanalítico, sistémico y comunicacional, y se desarrollan, asimismo, las visiones teóricas y los dispositivos técnicos para la intervención terapéutica en familias, desde estas perspectivas.
Finalmente, el autor insiste en la necesidad de visualizar el conflicto familiar a partir de su vinculación con la estructura social en la cual la familia se encuentra inmersa.

Family Conflict: Theoretical and Technical Perspectives for Intervention

Abstract
The author of this article analyses family interaction and particularly its internal conflicts by means of a socio-psychological approach.
Three models of family conflict are basically presented: psychoanalytical, systemic and communicational. Theoretical views, along with some technical strategies for the therapeutic intervention derived from such approaches, are proposed.
Finally, the author insists upon the need to regard family conflicts from the perspective of its linkage with the social structure the family itself is placed upon.

Le Conflit Familial: Perspectives Théoriques et Techniques D'Intervention

Resume

L'auteur travaille ici un analyse du milieu de la interaction familialle, en partant d'une visión psychosociale, on refere particuliérement á des conflits internes.
La presentation se fonde sur trois modeles d'analyse du conflit familial: psychoanalytique, systématique et communicationel, et on déroule aussi les visions théoriques et les dispositifs techniques pour Tintervention thérapeutique dans des familles óés cettes perspectives.
Finalement, l'auteur nous f ait l'insistance autour de visualiser le conflit familial en partant de son lien avec la structure sociale dans laquelle se trouve plongé.

* Profesor-Investigador en la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad del Valle de Atemajac.


La familia no es una unidad in­mutable y definida desde siempre y para siempre. Esa unidad básica de interacciones que ha dado en llamarse “célula fundamental de la sociedad" está sujeta a un gran número de variaciones y cambios. El conflicto pervade y conmueve perma­nentemente la estructura familiar.

En las últimas décadas la familia ha sido objeto de fuertes críticas por parte de autores provenientes de diversas disciplinas sociales. Concretamente Reich (1970), entre otros, denunció desde hace tiempo la función empresarial de la familia como reproductora de la ideología dominante. Asimismo, en su obra sobre la familia, Cooper (1974), llegó a plantear la necesidad de la muerte de esta institución ya milenaria.

Sin embargo, no sólo los científicos sociales que han abordado para su estudio e intervención el campo de las interac­ciones familiares, sino la población mis­ma, siguen considerando a la familia co­mo un núcleo vivo, operante e insustitui­ble en el actual sistema de relaciones. Mantiene su vigencia y actualidad y qui­zá por ello se encuentra indefectible­mente atrapada en el conflicto.

Las estructuras psicológicas elabora­das en el grupo familiar e impresas en los individuos se convierten con frecuencia en nocivas, dolorosas y generadoras de  profundas complicaciones. El conflicto se inicia en la pareja. Las parejas parecen fracasar; una de cada tres se derrumba al cabo de un tiempo más o menos largo, pero generalmente corto. Y este índice tiende a elevarse.

Me propongo abordar el fenómeno familiar, particularmente en lo que atañe al conflicto, desde una perspectiva psicosocial, es decir, en el sentido de con­siderar al individuo, la familia y la estructura social como tres totalidades en relación permanente.

El Referente Conceptual

Es difícil definir la unidad denominada grupo familiar. Desde el punto de vista de la sociología suelen caracterizarse los diversos grupos familiares en dos clases: la familia nuclear integrada por los pa­dres y los hijos, a la que Parsons (1970) denominó familia conyugal y la familia extensa constituida por todos los otros miembros reunidos por condiciones de parentesco, a quienes también se de­nomina parientes o familia consanguínea (Linton, 1970).

Otros autores definen a la familia (p.5) como el conjunto de personas ligadas por lazos de parentesco, determinadas en virtud de alguna relación con­sanguínea, real o putativa (Sprott, 1960). Sin duda que todas estas carac­terizaciones corresponden a un contexto que tiene que ver con nuestra cultura occidental. En otras sociedades nos encontramos con otros tipos de grupos familiares.

Para Castellan (1985), la familia puede ser definida como una reunión de individuos, unidos por los vínculos de la sangre; que viven bajo el mismo techo o en un mismo conjunto de habitaciones; con una comunidad de servicios. Esta definición es importante en tanto que integra a todos los que viven en el mismo espacio físico y que por lo mismo, mantienen relaciones afectivas intensas, y de recíproca interinfluencia en las relaciones cotidianas.

Desde un enfoque psicológico, la constelación familiar disponible para fines terapéuticos es aquella que mantiene un orden de relaciones continuas y emocionalmente significativas (Bateson, 1971), independientemente del parentesco, es decir, más que la consanguini­dad, interesan las relaciones afectivas de sus integrantes

Desde un punto de vista funcional, a partir de una perspectiva que permita incidir en la relación de conflictos de un determinado grupo familiar, la familia puede definirse como: un sistema o uni­dad sistémica que posee características funcionales (se organiza para satisfacer necesidades individuales -biológicas y psicológicas- y necesidades colectivas) y características estructurales (conforma un grupo primario de adscripción con o sin lazos de consanguinidad), que par­ticipa y comparte los mismos recursos y servicios y vive bajo el mismo techo.

Es conveniente notar que en el terreno de la terapia familiar (1), el conjunto de nociones, métodos y técnicas de abordaje se han originado a partir de la visión de autores inmersos en la cultura y economía de países centrales, históricamente distintas a la nuestra, por lo que es importante asumir las implicaciones ideológicas de esta conceptualización.

Hipótesis Iniciales

La mayoría de los especialistas que originalmente se ocuparon de la intervención en el campo de la interacción familiar provenían del psicoanálisis. Su preocupación central era el individuo y sus procesos intrapsíquicos. Al abordar este nuevo campo se dieron cuenta que el conocimiento de los procesos individuales, el psicoanálisis y todas aquellas teorías que se referían a la gé­nesis y desarrollo de los conflictos indi­viduales, eran insuficientes para definir y explicar lo que ocurría en el medio intrafamiliar. De este modo, la teoría que intentó por primera vez la posible ex­plicación de los intercambios familiares surgió hace aproximadamente 50 años y provenía justamente de algunos psicoanalistas inconformes ante las serias limitaciones que su teoría y técnicas im­plicaban en el tratamiento de los pro­blemas familiares. Este nuevo campo de intervención requería un cambio episte­mológico en el punto focal del paradigma dominante hasta ese momento en el terreno de la psicoterapia y se operó de la siguiente manera:

a)    De lo individual, el foco de interés se centró en lo grupal.

(1) Es un método de tratamiento en el cual un terapeuta se reúne a intervalos regulares con una familia, con el propósito de promover nuevas conceptualizaciones acerca de los conflictos intrafamillares presentes, y buscar nuevas formas de resolver dichos conflictos (Ackerman, 1962). (p.6)
b)    De la simple toma de conciencia individual (insight) el objetivo pasó a ser modificación del comportamiento en relación de unos con otros.

c)    De un modelo intrapsíquico y exclusivamente genético de la conducta hacia un modelo interaccional que tiene su origen en los modelos cibernéticos y en sus aplicaciones en el campo de la comunicación.

Es preciso reconocer, que quienes iniciaron formalmente el estudio de la familia como grupo fueron autores que provenían de la sociología. De esta manera, la teoría de la técnica terapéutica para el trabajo con familias apareció en sus orígenes vinculada a dos líneas teóricas: al psicoanálisis por un lado, y por otro a ciertos conceptos sociológicos que intentaban una explicación del ámbito familiar.

En el estudio de la familia el concepto de interacción ocupa un lugar central. Independientemente del modelo de abordaje que se prefiera, siempre se va a pensar en la relación triangular padre-madre-hijos. En la actualidad todos los enfoques organizan su intervención en torno a la interacción de la familia.

Las teorías psicoanalíticas originales se fundamentan en el principio de causalidad para explicar la conducta humana. Este principio es lineal: hay una causa y hay un efecto. Si un niño ha sido golpeado, cuando llegue a ser adulto, va a tener miedo a la autoridad. En contraparte, tratándose de la dinámica familiar, la causalidad es circular: lo que es efecto en un momento puede ser causa en otro momento. Lo que un padre dice, hace, siente o piensa va a afectar lo que la madre o los hijos hacen, dicen, sienten o piensan y viceversa. Este es el principio de causalidad circular, en oposición a la causalidad lineal que propugnaban las teorías iniciales explicativas de la conducta humana.

De este modo, cuando una familia en conflicto se presenta a tratamiento, no se tratará de indagar quién es el causante o el culpable del problema. No se trata de perseguir culpables. Desde una perspectiva circular de la causalidad se asume que, de alguna manera, todos tienen que ver en la aparición o mantenimiento del conflicto. Cada uno participa o por lo que está haciendo o por lo que no está haciendo, por acción o por omisión, hipótesis de que todos son responsables en el conflicto familiar, aunque sólo uno de sus miembros sea el que presente síntomas, va a permitir buscar en todos los miembros de la familia la solución de los problemas. Habrá tantas posibilidades de solución al conflicto familiar cuantos sean los miembros de la familia que vivan bajo el mismo techo. De esta manera, el tratamiento de la familia puede iniciarse entrando por la puerta que está más abierta, por el miembro más accesible y no necesariamente por aquél que está colaborando (p.7) más en el mantenimiento y continuidad del problema.

Diversos Enfoques

La necesidad de presentar nuevos enfoques, que casi siempre culminaban con la constitución de una escuela en el ámbito de la psicoterapia familiar, se ha ido desvaneciendo lentamente a partir de la difusión y aceptación de un para­digma de sistemas. En la actualidad la familia se concibe como un sistema autorregulado, como una unidad orgánica de interacciones y comunicaciones y como un cuerpo orgánico cuyos miem­bros tienen diferentes roles, funciones y poderes.

Hace apenas 25 años se agrupaba una gran cantidad de técnicas, éstas casi por arte de magia ascendían al nivel de la generalización y se transformaban en escuelas. Se institucionalizaban en­foques teóricos y técnicos totalmente cerrados que pretendían negar cualquier otra posición. En el momento actual, no obstante que aún es posible encontrar terapeutas que pretenden inscribirse en un sólo enfoque, sea éste psicoanalítico, estructural, comunicacional o humanista, también se ha abierto la posibilidad de búsqueda de nuevas orientaciones teóricas y técnicas que han venido a enriquecer de una manera creativa y crítica el campo de las relaciones familiares. Por tanto, el título del siguiente apartado en torno a los diversos enfoques, constituye sólo una forma descriptiva de enfatizar las diferentes orientaciones teóricas que han abordado el ámbito familiar a partir de su desarrollo histórico.

Visión Psicoanalítica

En este enfoque, los conflictos fa­miliares se definen como un intercambio de problemas intrapsíquicos que se po­tencian o se neutralizan entre sí (Chagoya, 1980). De acuerdo a esta pers­pectiva, los elementos más importantes que contribuyen al surgimiento de pro­blemas familiares, son los siguientes:

a)    Las fantasías infantiles que los padres intentan vivir en la familia presente.

Puede ocurrir, a partir de estas fan­tasías, que los padres pretendan regresar a la niñez en sus interacciones cotidianas, lo cual puede ser válido en momentos de juego, mas no como una conducta estable y estereotipada y menos aún incons­ciente, ya que entonces no fungirían propiamente como padres, sino como hermanos de sus propios hijos, y quedarían al margen todos aquellos aspectos de la relación familiar que tienen que ver con marcos de autoridad, de referencia y de guía. Se trata de pro­blemas de la infancia que los padres no han resuelto y que van a intentar vivir de nuevo, a través de los hijos, en las in­teracciones familiares.

b)    Las identificaciones proyectivas que ocurren entre los miembros de la familia.

Los miembros de la familia empiezan a tratarse no como lo que realmente son, sino como símbolos de otras personas. Es el momento en que los padres empiezan nuevamente a lidiar con los problemas personales a través de la familia sin darse cuenta, quizá, que quienes están provocando los problemas son ellos mismos y no los otros. Es frecuente, en problemas que atañen a la sexualidad, que el marido, ante sus amigos, presuma de su capacidad sexual y descalifique a su esposa porque nunca le responde sexualmente. En muchos casos es precisamente el marido quien, sin darse cuenta, se acerca a su mujer de tal forma desagradable y agresiva que se asegura, a través de este mecanismo,(p.8) que su mujer nunca le responda.

c)         Las deformaciones transferenciales las   relaciones   conyugales   y filioparentales.

"Mire doctor, mi hijo mayor desde que nació me recordó a un hermano a quien yo detestaba, es idéntico a él y yo nunca me he podido llevar bien con él, pues cada vez que lo veo parece que estoy riendo a mi hermano". Es obvio que, en esta relación, el hijo nunca sabrá por qué es rechazado, por qué su padre no le habla y casi nunca se le acerca. Se trata de un mecanismo de transferencia a partir del cual todos los afectos y emociones que el padre tuvo hacia su hermano, han sido transferidos a su hijo.

c)    La no renunciación a la omnipotencia infantil por parte de los padres.

"En qué fallamos nosotros, -dicen los padres- si siempre le hemos dado a nuestro hijo todo lo que ha necesitado. Ahora nos sale con que quiere ser doctor no ingeniero como es la tradición en la familia". Desde luego que los padres siguen pensando que tienen el poder de hacer que su hijo decida lo que ellos quieran. Se trata de una omnipotencia de control del pensamiento del hijo.

El terapeuta de orientación psi­coanalítica intentará siempre estar atento a lo que la familia esté expresando entre líneas, no sólo con sus palabras, sino so­bre todo con sus conductas a través de la interacción; estará también atento a lo que la familia está callando u ocultando y tratará de indagar cuáles son los secretos familiares que más angustian a la familia.

Estos mecanismos de defensa son actuados, por lo regular, en las interacciones familiares de todos los días. La utilización de dichos mecanismos se en­cuentra también en el origen de muchos conflictos familiares. Es importante la capacidad de insigth -vista hacia adentro- que tenga la familia, ya que si no existe, se van a provocar muchos problemas familiares de los cuales nunca se va a conocer su origen. Sustenta este enfoque la importancia de qué las personas se den cuenta qué les está ocurriendo internamente, qué los lleva a actuar de determinada manera.

Visión Estructural

El pensamiento psicodinámico individual resultó sumamente limitado para abordar el campo de la interacción fami­liar. Surgió entonces el enfoque estruc­tural en la segunda mitad del siglo XX. Según este enfoque, afirma Minuchin (1977), la familia se concibe como un grupo social natural, que determina las respuestas de sus miembros a través de estímulos desde el interior y desde el exterior. Su organización y estructura tamizan y califican la estructura de los miembros de la familia. Se ha llegado a comprobar experimentalmente que el niño responde a las tensiones familiares e incluso se llegó a desarrollar un método de respuestas fisiológicas individuales a estas tensiones.

Las hipótesis centrales que constituyen el punto de partida del enfoque estructural, son las siguientes:

a)    El contexto afecta los procesos internos.

b)    Las modificaciones del contexto producen cambios en el individuo.

c)    La conducta del terapeuta es significativa en este cambio.

La terapia estructural de familia es una terapia de acción. Se intenta (p.9) modificar el presente, no interesa explorar e interpretar el pasado ya que éste se manifiesta en el presente, por tanto, el objetivo de las intervenciones en el presente es el sistema familiar.

De acuerdo a este enfoque, la familia que puede funcionar en nuestra sociedad es una familia flexible, es decir, aquella que conforme van creciendo los hijos y envejeciendo los padres va adoptando también diferentes patrones de in­teracción. Lo que era válido cuando los hijos eran pequeños, no tendrá sentido cuando los hijos sean mayores.

Bajo esta perspectiva se trabajó, originalmente, con familias de muy escasos recursos económicos. Se encontró que estas familias no tenían ni la paciencia, ni el tiempo, ni el dinero, para sentarse a reflexionar "si mi hijo me recuerda o no a mi hermano", ni les inte­resaba analizar los fenómenos transferenciales. Simplemente deseaban un tratamiento rápido y efectivo. Querían resultados. El insight no preocupa al terapeuta, ya que lo importante no es que la familia entienda por qué les está ocurriendo algo, sino que lo importante es el cambio.

Si la familia se concibe como un sistema, una transformación de su estructura podrá permitir ciertos cambios. Además, este sistema está organizado en base al apoyo, regulación, alimentación y socialización de sus miembros. De este modo el terapeuta, sólo intenta modificar su funcionamiento para que la familia pueda desarrollar estas tareas con mayor eficiencia.

Al final de cada sesión, los terapeutas suelen prescribir actividades o tareas que habrán de ser realizadas por los miembros de la familia. Según este enfoque los elementos de conflicto en la (p.10) interacción familiar son los siguientes:

a)    Las alianzas disfuncionales.

Son frecuentes, por  ejemplo, las alianzas de la mamá y la suegra contra el esposo, de la hija y el padre contra la madre.

b)    Las distorsiones en la jerarquía familiar.

Ocurren cuando se da una enorme importancia a un sólo miembro, éste de ser la abuelita que llega a centrar toda la atención y a ejercer todo el poder en la familia.

c)    Las invasiones de límites entre generaciones.

Los niños que controlan a los padres, la suegra  que  ordena y señala a los padres lo que tienen que hacer y a través de esta conducta llega a controlar todo el sistema familiar.

d) La   rigidez  de  las pautas  de interacción.

En relación al problema de la autoridad en la familia, casi todos los autores están de acuerdo en que debe haber un principio de autoridad  en la familia.    Algunos estudios experimentales han llegado a comprobar que cuando dicho principio no existe, o los hijos se confunden y no encuentran un camino, o son ellos mismos quienes asumen el papel de autoridad en la familia que casi siempre se torna dictatorial, irracional y absurdo. Se ha comprobado asimismo, que el esquema de autoridad que mejor funciona es un modelo dinámico, en movimiento de sube y baja rotativo, en donde el padre, la madre y aún los hermanos mayores, asumen papeles de autoridad en diferentes momentos. Un esquema democrático.

No suele funcionar un modelo rígido de autoridad dictatorial, ya que si el niño se siente nulificado y aplastado, tarde o temprano se va a rebelar, lo que en ocasiones va a ser la mejor opción, pero puede también correr el riesgo de pasarse la vida discutiendo y viviendo conflictos de autoridad para simbolizar esa lucha al interior de la misma familia.

También hay que reconocer que la cultura juega un papel relevante en la determinación de las pautas de autoridad. No se trataría, por tanto, de buscar una adaptación pasiva y acrítica a las pautas establecidas, sino que en último término, fueran los padres junto con sus hijos, quienes intentaran decidir cuáles son las pautas y conductas que les conviene asumir ante los cambios que en esta sociedad se están generando de manera vertiginosa. La familia, entonces, podrá crear sus propios espacios de discusión y decidir ahí sus formas de relación con el objeto de no reproducir en su interior las relaciones de dominio impuestas en esta sociedad.

Visión Comunicacional

 La comunicación -afirman los inicia­dores de este enfoque- es una condición sine qua non de la vida humana y el orden social. Desde su nacimiento, el ser humano participa en el complejo proceso de adquirir las reglas de la comunicación sin saber en qué consiste este conjunto de reglas. Watzlawick (1985), propone los siguientes axiomas exploratorios que tienen su origen en observaciones muy variadas de los fenómenos de la comunicación.
a) No hay nada que sea lo contrario de conducta, no hay no conducta, es decir, es imposible no comportarse. Ahora bien, si toda conducta es un mensaje, es decir, es comunicación, se deduce que por más que lo intente la persona no (p.11) puede dejar de comunicar. Es imposible no comunicarse.

b) Toda comunicación no sólo transmite información, sino impone conductas.

c) La comunicación analógica -representación de un objeto a través de un símil- es más válida que el modo digital de la comunicación verbal, relativamente reciente y más abstracta. La comunicación analógica incluye todo lo que sea comunicación no verbal: postura, gestos, expresión facial, inflexión de voz, secuencia, ritmo y cadencia en las palabras y en general, cualquier ma­nifestación no verbal de que el organismo es capaz, así como los indicadores comunicacionales que aparecen en cual­quier contexto en que tiene lugar una interacción.

d) La interacción puede ser simétrica o complementaria. En la primera, los participantes tienden a igualar su con­ducta recíproca. En la segunda, la con­ducta de uno de los participantes com­plementa la del otro. De esta manera, todos los intercambios comunicacionales son simétricos o complementarios según estén basados en la igualdad o en la diferencia.

Con  base en estos axiomas, este enfoque plantea  que el  origen de la mayoría de los conflictos familiares se encuentra en los siguientes elementos:

a)    Errores en la codificación y en la recepción de mensajes sean éstos verbales o no verbales.

b)    Incongruencias entre los mensajes verbales y no verbales.

c)    Intercambios de comunicación indirecta, confusa y oculta.

d)    mensajes dobles que se contradicen entre sí.

Las técnicas de comunicación cons­tituyen un eje central en todo el proceso terapéutico. El terapeuta se propone como objetivo la clarificación directa de la comunicación tratando que cada miembro de la familia se exprese di-rectamente sobre los problemas familiares fundamentales con relación al paciente identificado.

 El hecho de que cada miembro de la familia pueda expresarse libremente sobre temas conflictivos de la misma familia, disminuye la tensión al interior del sistema y permite cambiar el estilo de comunicación.

Una de las características de las familias que tienen problemas es el tipo de comunicación indirecta entre sus miembros. La clarificación directa de la comunicación interrumpe parcialmente esa comunicación indirecta. El terapeuta puede organizar el intercambio triangular preguntándole a B qué piensa de los problemas de A y C y viceversa. Es posible también clarificar la meta-comunicación, es decir, la comunicación que define la relación entre las personas que se comunican. En general, esa metacomunicación no es explicitada y es el núcleo de relaciones conflictivas (Páez y Murillo, 1982).

Este enfoque se fundamenta en la hipótesis de que un mejoramiento en la comunicación refuerza el cambio del sistema familiar y la desaparición de intercambios de conflicto en el mismo.

En otras palabras, una comunicación difusa, contradictoria, ambigua o vaga, promueve interacciones complejas, contradictorias y confusas que a su vez provocarán serios intercambios de conflicto. En este sentido, por ejemplo (p.12) la agresividad de la madre o la hiperactividad de un niño, pueden ser expresiones de protesta de la madre o el hijo ante el abandono o ausencia del padre.

Hasta aquí han quedado apuntados tres enfoques, es decir, tres maneras diferentes de conceptualizar el origen y la solución de los problemas familiares. Las distintas teorías, describen, cada una por su lado, diferentes aspectos del fenómeno familiar que, como se ha visto, es sumamente complejo y por lo mismo difícil de encapsular en estas propuestas técnicas.    Sin duda que en el futuro aparecerán nuevas teorías y nuevas técnicas para abordar este rico y complejo fenómeno. Las teorías enunciadas sólo enfatizan ciertos aspectos del fenómeno familiar, sobre otros, y por lo mismo son limitadas. Alguien dijo que lo que vemos en la realidad está condicionado por la teoría   que  sustentamos. La  teoría finalmente puede condicionar nuestra visión de la realidad.

Familia y Sociedad

Sin duda que, como se ha dicho, cada uno de los enfoques propuestos tiene sus alcances y limitaciones. Ninguna de estas corrientes se plantea como objetivo, hasta   este   momento,   analizar  los procesos de ideologización al interior del grupo familiar, y mucho menos descubrir los dispositivos y canales, a través de los cuales,  la  clase  dominante  impone diversas formas de pensar, de actuar y de relacionarse,  que son funcionales para su mantenimiento y que sin duda tienen que ver con las diversas conductas y modos de actuar al interior del grupo familiar. La familia se encuentra inmersa en una estructura social que condiciona expectativas, deseos, formas de pensar, más allá de la dinámica familiar. Dentro de este contexto, la familia mistificada por los valores que difunde la ideología dominante y confrontada por una si­tuación de crisis, con frecuencia se vuelve contra sí misma atribuyéndose la causa de su propia desgracia y reproduciendo en lo microgrupal, las formas de relación que impone el sistema de dominación.

Los objetivos que la terapia familiar se plantea en el proceso terapéutico, son también limitados: disminuir el nivel del sufrimiento intrafamiliar cualquiera que éste sea, aminorar la angustia, la tensión y la depresión; así como también promover el crecimiento de la familia a partir del establecimiento de un sistema flexible de relaciones. La eficacia para resolver estos problemas de orden psicológico no puede mantenerse como único criterio en el trabajo con familias, ya que no obstante que es una tarea importante disminuir el sufrimiento de la gente, no podría realizarse a cualquier precio, sobre todo si se tratan de negar o encubrir las determinaciones socioeconómicas que también juegan un papel importante en la aparición de situaciones problema (El Kaim, 1980).

Siempre se corre el riesgo de incidir sólo en la parte más visible, en el aspecto fenoménico del problema, pretendiendo negar el fondo del mismo. No todo termina en lo familiar, ni es posible reducirlo todo al ámbito de esa unidad sistémica. Más allá se encuentran las estructuras de poder y de dominio que determinan los problemas de vivienda, salud y empleo con todas sus desastrosas secuelas de drogadicción, alcoholismo, violencia, prostitución y demás. La terapia familiar no ofrece instrumentos de análisis ni mecanismos de intervención sobre las determinaciones macrosociales, y por esta razón, los terapeutas fácilmente pueden convertirse en agentes de control social al servicio de una estructura social injusta y dedicarse entonces a diseminar crisis y psicologizar los problemas sociales. Esta situación involucra (p.13) una fuerte contradicción dado que no es posible permanecer en la negación de esta realidad a través de máscaras que ocultan las causas más profundas de los problemas, es decir los elementos socio-históricos, económicos y políticos. Cuando se actúa en lo inmediato sobre problemas individuales o sobre problemas particulares del sistema familiar, se corre el riesgo de dar un sello de aprobación a la alienación social, de reproducirla y mantenerla a través del proceso terapéutico.

Finalmente, con el objeto de contrarrestar el reduccionismo familiar es posible plantear algunas propuestas de carácter preventivo, concretamente en un contexto comunitario de trabajo con familias (Pacheco, 1986):

a) Mediatizar la institucionalización de la terapia familiar en consultorios privados a partir del trabajo directo con las familias en el contexto de su propia comunidad.

b) Promover la organización de di-versas familias en la comunidad para enfrentar, a través de grupos de discusión colectiva, necesidades y problemas comunes.

c) Analizar sistemáticamente las relaciones y determinaciones extrafamiliares buscando una toma de conciencia de los factores macrosociales de los conflictos y de las conductas.

d) Tratar de obtener un equilibrio entre la eficacia terapéutica y la posibilidad de inducir un cambio ideológico ligado a la capacidad de enfrentar la realidad de una manera activa, crítica y transformadora.

Es importante continuar la búsqueda de nuevos modelos teóricos y nuevas formas de intervención en el ámbito familiar. La reflexión y la acción colectivas harán posible el avance no sólo en el conocimiento, sino sobre todo, en las perspectivas y estrategias de articulación sobre los cambios que se operan al interior de las familias y su necesaria vinculación con la transformación social y política de nuestra sociedad.


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Para Citar este Artículo:

PACHECO, GERARDO (1994) El Conflicto Familiar: Perspectivas Teóricas y Técnicas de Intervención. En Revista de la Universidad del Valle de Atemajac. Año VI, No. 22, Mayo-Agosto, 1994. UNIVA. México. Pp.4-15.